Vicisitud y sordidez

Nuevas vicisitudes

Aquí Paco Fox: un nuevo post de Guille Stardust (claramente no os descubro nada si habéis leído el título) que va sobre algo de lo que ya... un momento: todo esto lo explica él en el primer párrafo. Me callo. Os dejo con Guille:

Hace casi 10 años Paco nos deleitaba con sus vicisitudes masturbatorias, para agrado de algunos y horror de muchos. Cientos. Millones. Como están de moda las secuelas, soft reboots y lo que en definitiva se conoce como estirar el chicle, he decidido explicar lo difícil que era masturbase en los albores de internet. Vamos a hacer un recorrido desde donde Paco lo dejo, esas revistas con las hojas pegadas, hasta el mañana fantaseando con el futuro de la masturbación, algo que se ha mantenido inalterable desde que el hombre es hombre.

Adolescentes aprenden el don de menearse la sardina.
El ser humano tiende al placer y tiende la ropa cuando está mojada (venid a por mí si os atrevéis, hijos de puta) y el onanismo es el placer más barato que alguien puede obtener porque incluso para defecar hay que pagar; diez céntimos en los baños de Atocha, con miradas lascivas de soslayo incluidas. Pero los adolescentes de hoy en día con sus iPhones y su fibra óptica no saben el desierto que nuestras generaciones han tenido que cruzar para que ellos disfruten de la tierra prometida.

Steve Wozniak abriendo camino a los pajilleros.

Cuando descubrí el amor propio fue en un periodo histórico a medio camino entre las revistas e internet; conocíamos la existencia de imágenes en movimiento pero eran inaccesibles. Éramos demasiado jóvenes para comprar o alquilar películas pero tan fogosos que solo la crucifixión podría haber mantenido nuestras manos alejadas de nuestras impúdicas braguetas. Así que teníamos que buscar el alivio en los rincones más recónditos de la imaginación de un adolescente. Hoy vamos a repasar los instrumentos con los que una generación se dio al placer de la carne en solitario, bajó a los infiernos y subió a los cielos sólo con la palma de su mano y un bote azul de amarillenta Nivea.

Teletexto, el internet en 8bits

Una fuente inagotable de contenido erótico era el teletexto, ese gran olvidado de la era digital, unas letras pixeladas y pezones dibujados en 8bits. Era lo más cercano que ha estado la humanidad del porno de robots. Entre resultados de quiniela, horóscopos escritos por becarios  y noticias con más faltas de ortografía que el programa electoral de VOX, podías encontrar publicidad de líneas eróticas. Allí describían con una sutileza propia de Vargas Llosa las bondades de unas ninfas que libaban de tu falo como colibríes en primavera con tarificación especial. Las llamadas estaban controladas porque tu padre siempre revisaba la factura pero la imaginación no tenía límites y esa amazona de voz sedosa estilo Minecraft de tonos magentas te cabalgaba en tu imaginación hasta que caías extenuado.

Para hacerte bien el amor hay que venir a Canal Sur.

Una de las pioneras en abastecer del séxtimo arte a los prepuberales y adultos fue la cadena autonómica andaluza. Juan y Medio ya empezaba con sus niños viejos, los talent shows de copla aún no habían sido soñados pero otros sueños mucho más húmedos que una mujer con patillas entonando “La bien pagá” se hacían realidad cada viernes cuando el reloj marcaba las 12; el cine erótico. Parafraseando a un amigo del instituto en el funeral del padre de un compañero de clase “Hoy es viernes, ¡toca porno!”. Así era, por encima de lo divino y lo humano estaba el placer carnal, donde todos nos igualábamos en nuestras bajezas. Pero aquello a lo que llamábamos porno es lo que hoy los millennial llaman soft porn o porno para mujeres. Recuerdo que la primera que vi fue ‘Emmanuelle reina de la galaxia’.

Con una temática Star Trek, un grupo de alienígenas eligen a Emmanuelle para descubrir los placeres de la sexualidad humana y con planos de sexo en los que a ellos se les ve por detrás y a ellas por arriba teníamos material suficiente. Sin embargo, en aquella época tener una televisión en tu cuarto era un lujo solo al alcance de los semidioses, el resto teníamos que conformarnos con aquellas teles de tubo con un culo de proporciones más generosas que el de Jennifer López. Cuando tus padres te mandaban a dormir solo podías confiar en que tú, un seminativo digital, estabas por delante de ellos en cuestiones tecnológicas: por dios, eras casi un ciborg, el tamagochi era una prolongación de tu brazo y el VHS de tu pene. Con sigilo felino te desplazabas hasta el salón, insertabas la cinta que en otro tiempo fue virgen (lo más cerca de una que habías estado hasta entonces) en el video y lo programabas. Programar el video era como programar una bomba, un paso en falso y caías con todo el equipo, si no habías sido precavido te tocaba rebobinar con el infernal ruido de los cabezales destrozando la ya tan pasada película.

Si las cintas tuviesen un ‘yo’ freudiano la tuya habría acabado en el psiquiatra.

Esa cinta iba guardada a un recóndito cajón para solo salir cuando tus padres te dejaban solo para practicar tus aclamados solos de zambomba. Los años pasaron y vino Canal+.

Oír ese arpegiado de guitarra hacía que se te pusieran los pelos de punta con la anticipación de lo que venía: el porno del plus. Lo que toda tu vida llevabas esperando, primeros planos de genitales, caras desencajadas por el placer, eyaculación sin orgasmo y orgasmo sin eyaculación. Los títulos traducidos por Carlos Aured hicieron historia en el audiovisual patrio, ¿quién no se iba a excitar con ‘Ensalada de pepino en colegio femenino’ o ‘Semental, querido Watson’? Los que no teníamos el decodificador teníamos que fantasear con una imagen codificada y probar cualquier método casero de decodificación, por el patio del instituto corrían los rumores como la pólvora “hay uno de 3º de la ESO C que dice que si pones un colador encima de la tele se decodifica el porno”, “mi primo de Sevilla me ha dicho que si pones una servilleta de papel delante de la pantalla se ve más claro” y allí que íbamos todos. No teníamos nada que perder, éramos jóvenes, estábamos efervesciendo y estábamos dispuestos a ahogar a nuestros posibles hijos en una montaña de clínex. Quién me iba a decir que años más tarde acabaría siendo uno de los que escribían esas delirantes sinopsis…

Esta ha sido la imagen de la confusión sexual durante décadas


Y entonces llegaron las cadenas locales subiéndose al carro de la programación subida de tono los viernes de porno. Sin embargo, era una paja triste, había paja porque siempre la había, pero los sentimientos se agolpaban en tu interior. Era lo más barato que te podrías imaginar, un colchón sin sábanas en el suelo, una cámara fija en picado y uno o varios señores con una o varias señoras, de edad y nacionalidad indeterminada. Ellas tenían pinta de prostitutas y ellos de señores que pagan prostitutas y para hacerlo más lamentable, para mantener su intimidad iban con caretas, que no máscaras, del Pato Donald o Mickey Mouse de los chinos. Así que con pena y asco acababas el que quizá fuese el trabajo más sucio al que tu mano se ha enfrentado nunca. Jamás olvidaré la anécdota más hilarante sobre una masturbación.

Retrato robot de mi amigo del instituto

Aquel tipo que en el funeral pensaba en un fiambre diferente, el que tenía en su peluda y calenturienta entrepierna, era un adolescente de 120kilos con muchas hormonas y pocas luces, a quien llamaremos Don Pimpón por su parecido con el mutante de Barrio Sésamo ,un cocktail (palabra redundante en inglés) perfecto para la comedia o la tragedia. Andaba con sus padres de vacaciones en la casa de su abuela en Torrevieja (José Luis Morenismo ilustrado) cuando sus padres salieron a cenar dando órdenes estrictas de que debía acostarse antes de las 12. La hora en la que la carroza se convierte en calabaza y la televisión local en un estercolero de porno barato. Pero él no iba a dejar que un par de señoras con sobrepeso le arruinasen una paja, porque no se masturbaba, se mataba a pajas, abrir su bragueta era abrir el Necronomicon, la caja de Pandora y la caja de los truenos. Con el sable desenfundando se marcaba en solo un bolero de Ravel ante aquellos rechonchos y sudorosos cuerpos retransmitidos en analógico. Cuando de repente, la cerradura empezó a girar. Un mar de lorzas adolescentes se tambalearon hacia la puerta mientras la eterna cerradura no paraba de crujir, a oscuras, para no despertar sospechas avanzaba por el pasillo contando los pasos, cinco, seis, siete y giro brusco a la derecha. Con la mala fortuna de que con los nervios, no recordaba que en esta casa, fruto de la especulación inmobiliaria y testigo de las perversiones más siniestras, su habitación quedaba a la izquierda. El enorme leviatán se estrella de golpe contra un espejo que cuelga en la pared y que cae al suelo haciéndose añicos y trayéndole siete años de mala suerte (algo que se materializó tiempo después cuando sufrió mononucleosis al día siguiente de conocer a su primera novia). Pero no era el momento de pensar en el futuro, el ahora era aterrador, sus padres entrando, él sudoroso y empalmado, tenía que pensar rápido, hacer un salto de fe en el sentido más estricto de la palabra. Como Willy en el clásico infantil, saltó, con toda la fuerza que sus obesas piernas le proporcionaban, se elevó por los aires en el momento en que la puerta se abría. Mientras flotaba en el aire, su sonrisa triunfal se dibujaba cada vez más amplia. Pero la gravedad es una ramera ingrata y por su fuerza y efecto aquellos 120 kilos de hormonas adolescentes se precipitaron sobre la cama. Su energía potencial se convirtió en cinética y el somier no resistió el impacto, las lamas se partieron y él aterrizó sobre el suelo. Desde el marco de la puerta su madre vio la desgracia a la que llamaba hijo, ese ser gordo, peludo, sudado y jadeante que intentaba inútilmente ocultar su erección bajo el pijama. No dijo nada, suspiró y se fue a dormir, mañan jadeante que intentaba inútilmente ocultar su erección bajo el pijama. No dijo nada, suspiró y se fue a dormir, mañana sería otro día.a sería otro día.

The future is now.
Por suerte para Don Pimpón y para todos, llegó la explosión tecnológica real, el ordenador. Esto abría un mundo de posibilidades.

Un soporte digital que te permitía almacenar cientos de fotos, videos completos y sin ocupar espacio físico: el CD había llegado. Con salves eyaculatorias el mundo recibió al compac disc y la carrera hacía la masturbación siguió irrefrenable su curso. Los discos pasaban de mano en mano, parecíamos ‘dealers’ de Baltimore traficando con la mierda que todos querían conseguir. Eran las revistas del ahora pero sin páginas pegajosas. Que estuvieran dentro del ordenador te garantizaba que no iba a haber salpicaduras, flujos ni restos de “pasta de dientes”. Y entonces llegó, Internet, con mayúsculas.

El triunfo de la voluntad. El hombre podía acceder a más penes, vaginas y senos de los que todos sus antepasados jamás habían visto. El futuro estaba aquí y era más duro y húmedo que nunca. El porno se democratizó, diversificó y especializó. Y el resto… el resto es historia.
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Hay varias constantes de ente bloj que ya se han convertido en referencias de la cultura esppppañola. O al menos de un puñado muy dedicado y, por qué no decirlo, tarado de sórdidos. Que Hamilton es mierda. Que un bigotón mejora todo producto audiovisual. Que yo tengo un grado anormal de gaycidad. Que el cine colonoscopia es digno de alabanza. Y, por supuesto, que el derechismo bien entendido favorece la acción.

Tal afirmación se promulgó en el primer año del blog. Por lo tanto, hemos tenido más de una década para ir comprobando cuán importante verdad universal era. El derechismo bien entendido es como el porno: una fantasía que todos queremos para pasar el rato, pero que nadie desea en su vida. O debería desear. Que el mundo está lleno de perturbados que piensan que todos los tíos tienen que follar durante 20 minutos en cuatro posturas preestablecidas que dan bien en cámara y a todas las mujeres les gusta que le llenen la cara de lefa. Por no hablar de imbéciles que creen que hay que ir por la vida puteando a gente de unas cuantas fronteras arbitrarias más al sur, que por algo son inferiores, tienen un adn distinto y tal. A estos últimos se les conoce técnicamente como ‘políticos nacionalistas’.

Ya la hemos armado.

Pero vamos primero a definir qué es el derechismo bien entendido en el cine: Es tener la satisfacción de ver a un bengador gusticiero acercarse a un puñado de inmigrantes rumanos (que SIEMPRE han de ser sospechosos) y partirles la boca sin pensar en cosas tontas como juicios justos o que esté haciendo un poco de perfil racial. Es el héroe, tiene un conjunto particular de habilidades y te buscará, te encontrará y te matará.

Es saber que la justicia es inútil en su totalidad y que la única manera de salvar a los vecinos de un barrio es disparar por la espalda a un ladrón de bolsos porque a tomar por culo la proporcionalidad del castigo en relación al delito. Los pequeños fascistas que tenemos dentro siempre han deseado una muerte dolorosa al ratero que te robó la cartera. Y eso es natural. Como desear sexo anal involuntario con desatascadores de ducha en prisión para todos los de La Manada. Es lógico. Si no lo quieres a un nivel subconsciente, es que te pasa algo.

Por eso funciona tan bien el cine de acción derechón. Como fantasía liberadora que sabes que no funcionaría en una sociedad normal. Y por eso precisamente es tan difícil hacer una película de acción izquierdista. De hecho “Cine de hostias pacifista” es como decir “Merienda de fabada” o “Película divertida de Haneke”. Se puede intentar, pero nadie respondería de los resultados.

Y hubo un tío que sí que lo intentó. No fue algo así como “el Chuck Norris de Podemos”, lo cual habría conformado un título mucho más click bait de este artículo. Que estoy tonto. Pero ya no lo cambio, que quiero ir al grano de una vez:

No lo fue, entre otras cosas, porque sus pelis son de los setenta, pero sobre todo porque no me veo a Chuck combatiendo a las corporaciones a base de su arma más mortífera y aterradora: las batucadas.

- “Malditos hijos de puta: soltad a la rehén u os doy un concierto de mayumaná”
- “¡No, cabrón, percusión tribal nooooo!”

Lo cual no quita que yo pagaría por ver esa mierda. Pero anteanoche vi 'The Mummy' de Cruise sin que me obligaran. Yo me tragaría hasta esa comedia de Haneke que estoy envisionando. Michael: si me escuchas, esos son voces en tu perturbada cabeza. Que esto es un texto y ni siquiera sabes español. Pero haz una comedia de instituto con chistes de pedos. A ver si de verdad eres un buen creador o un one trick pony.
O algo así como "Desmadre sexual en el asilo"

El héroe del que estamos hablando se llamaba Tom Laughlin, un actor aficionado a Marlon Brando (y se nota así como que mucho) y a defender los derechos civiles… ¡a golpe de hapkido! Que es un arte marcial coreano, que viene a servir para lo mismo pero con penes más pequeños todavía involucrados en el proceso.
Aquí me tenéis, intentando justificar con un power point un repugnante comentario racistoide

Tom se fue a Hollywood para triunfar, pero no era un simple vanidoso ególatra como el resto de sus compañeros de profesión (porque todo el que protagoniza una película es un egocéntrico, pero si encima la dirige es un chulo insoportable).
Exhibit A.

Él tenía otros intereses. De entrada, los derechos civiles de los nativos americanos, pero también el pacifismo y la pedagogía, por lo que se fue de la ciudad del pecado y los tocones profesionales y montó una escuela de gran éxito según el método Montessori. Cuando vio que aquello funcionaba, retornó a su sueño: dirigir y protagonizar su gran épica pacifista sobre los derechos civiles.

Naturalmente, a nadie le importaba un carajo la historia que había pensado: un medio indio (lo que luego se conoció en los Dungeons and Dragons como ‘semi elfo’) que protege a una comuna hippie-tribal (don’t ask) de los abusos de los retrógrados caciques del pueblo vecino. Con mucho discurso asambleario y canciones folk. Los productores se agolpaban a su puerta, pero para salir corriendo antes de que ese loco siguiera con el pitch. Así que, muy listo él, decidió escribir y protagonizar una exploitation de moteros llamada “The Born Losers”. Uniendo sus principales obsesiones de una manera más vendible. Esto es, violaciones, hostias, libertades, moteros, Marlon Brando y su estrella favorita: él mismo. Así que usó esa cinta estilo Corman para introducir al personaje creado para su guión preferido: Billy Jack, el ex-boina verde karateca indio pacifista. Vamos: como una pizza congelada a la que le empiezas a echar todo lo que queda en la nevera que no lleve cáscara o haya generado una capa de musgo.

La cinta fue bien, así que consiguió por fin financiación para la de verdad: 'Billy Jack'. AIP, los míticos independientes de los 50 y 60 que nos dieron tanto amor de monstruos gigantes, moteros y cormaniadas, pondrían la distribución. Para luego dejarla ir cuando intentaron meter mano en el montaje y Tom no se dejó, quedando en manos de 20th Century Fox, que luego la dejaría ir cuando intentaron meter mano en el montaje y Tom no se dejó, quedando en manos de Warner… que, esta vez, sí, la estrenó. Mal. A la manera de la época: pocos cines de pueblo a ver qué tal. Laughlin was not laughing (#nomearrepientodenada). La película fue muy bien con esa estrategia, pero Tom creía que tenía más potencial, por lo que la recompró y pasó a estrenarla por su cuenta con otro método…

… haciendo historia del cine con ello.

¿O acaso creíais que ésto iba sólo de hacer chistes políticos a costa de Podemos? No señor: aquí estamos para educar y poner fotos de Alexandra Daddario sin que venga a cuento.

POR EJEMPLO

El caso es que Laughlin y su mujer Delores (sic), involucrada en el proyecto desde el principio y coprotagonista de la peli, plantearon otra estrategia nunca vista para un largo independiente: un lanzamiento masivo. Con marketing machacón y un número inmenso de copias. Además, alquilando las salas a un precio fijo a pagar sí o sí, pero con el acuerdo de llevarse el 100% de la recaudación.

Representación gráfica del tamaño de las gónadas de Tom y Delores
La jugada funcionó. Pero mucho. 32 millones de dólares. ¿Que os parece poco? Pues porque existe una cosa llamada inflación. Billy Jack se coló en quinta posición de las películas más taquilleras del año, por encima de, por ejemplo, ‘La bruja novata’ y, en recaudación total uniendo el estreno limitado un par de años antes, habría superado a ‘Harry El Sucio’.

"¿Cómo es que nunca he oído hablar de enta pinícula?", os preguntaréis los héroes que han llegado hasta esta parte del post esperando chistes políticos que no han acabado de concretarse. Pues principalmente porque es un poco cutre. Y no muy buena. Vamos, que respondía al zeitgeist de la época en EEUU y en el resto del mundo no tuvo mucha acogida (en España no consta que se estrenara comercialmente). Y porque no es muy buena. Creo que eso ya lo he dicho. Vamos, que es un poco truño.

Billy Jack es una especia de Steven Seagal en la época de ‘En tierra peligrosa’ o ‘El Patriota’. Un héroe solitario que protege a las comunidades tribales... a patadas. Pero, al contrario que el subnormal de Steven, reduce el número de hostias al mínimo y las sustituye por lo que todos buscamos en una película de acción:

Asambleas vecinales y performances en las que los hippies les enseñan a los del pueblo a ser mejores personas mediantes juegos de rol. Pero no esos de tirar dados: de los de sentarse en sillas simulando que conduces e improvisar una escena tras soltar un discurso anti Richard Nixon para ir entrando en calor.

Pero vamos al principio de la película: Billy se dedica a proteger una reserva india de gente mala de la pradera que quiere matar caballos salvajes para hacer la que asumo que es la comida para perros más cara de la historia (juro que no me estoy inventando esto). Porque Jack es un medio indio. Este señor:
La mismísima imagen de la etiqueta de Ron Cacique

Toda esta primera escena va acompañada de una balada hippie basada en la guerra de Viet Nam sobre cómo gente va a asaltar un pueblo vecino pensando que tienen un tesoro, pero resulta que, tras matarlos a todos, tal tesoro es un letrero que pone ‘Paz en la Tierra’.

Los tiempos hippies eran muy diferentes, esperanzados, ñoños, tonticos y, por qué no decirlo, fostiables.

Lo cual no quita que a mí me guste mucho la canción en concreto. Motivo por el cual no me extraña que se convirtiera en un gigantesco éxito en parte gracias al empuje de la película. Y ahora es cuando hago esa cosa tan molesta de meter un mini-post en medio de un post grande.
Los de Paco son más pequeños que los de Tom. Y de los molestos.

Pero es que es una historia la mar de interesante que sospecho que muchos no conocéis tampoco. La canción es ésta:


¡Qué potita! ¡Qué alegre! ¡Qué flower power! ¡Qué simpática que esté interpretada por un grupo satanista!

En serio: si bien es una versión de una canción hippy de unos años antes, la interpretación está acreditada a la banda Coven (aunque con sólo la cantante en esta versión). Coven eran un grupo que en 1969 sacó un disco con el edificante título de “Witchcraft Destroys Minds & Reaps Souls”. La temática era sobre los peligros de jugar con el ocultismo y como JesucristNAAAAAAH. Iba de eso: de rituales infernales, incluyendo al final del LP una misa satánica. La primera canción se llamaba, de hecho “Black Sabbath”, un año antes de que ciertos ingleses sacaran su primer disco con ese título. ¿Y sabéis lo más divertido? Que el bajista se hacía llamar “Oz” Osborne (sic). ¿Y sabéis qué es mucho mucho más gracioso? Que fueron los que inventaron el hacer el signo de los cuernos en el rock.

Jinx Dawson, la cantante del grupo y de 'One Tin Soldier' fue criada en un grupo ocultista y aplicó sus creencias y signos al disco. Luego, por motivos que no he podido rastrear por internet (esto es, supongo que ganarse unas perras, dado que el grupo se había separado), grabó la cancioncilla de Billy Jack, una mijilla alejada de sus raíces musicales, las cuales sonaban como si Jefferson Airplane hiciera orgías… bueno, orgías harían, que esto eran los 60. Orgías satánicas, vamos. No puede decirse que inventaran el heavy, pero por peich que fueron los precursores adelantados a su tiempo.

Fin del mini post dentro del macro post. Volvamos al Steven Seagal Perroflauta.

Billy protege una comuna y, a veces, se divierte haciendo ceremonias de su pueblo nativo. Los discursos, al menos hasta el clímax de la peli, se los deja a su novia, líder del lugar y futura dirigente de UPyD:
Delores Taylor, alias la mujer de Tom. Que no todos los pies de fotos han de ser chistoides.
En la comuna/colegio/asamblea/lugar en el que todos hablan como si estuvieran en 'Capitán Fantastic' alojan a la hija del ayudante del Sheriff, que está preñada porque ¡viva el amor libre y sin protección! El señor padre (aka Malo 1) se cabrea. La tensión aumenta cuando los chavales, incluyendo un nativo y varias tan nativas como Laughlin, son acosados cuando van a tomarse un helado. Billy llega por allí y por fin se pilla también un mosqueo importante. Pero siempre después de echar un discurso. Porque antes de meter hostias hay que dejar claro que él es PACIFISTA.


Por fin el cine se despierta. Porque esto pasa a los 25 minutos de película. A continuación, vienen las leches que cimentaron la importancia de la peli dentro del imaginario colectivo americano. Porque os recuerdo que a estas alturas todavía no existía ‘Kárate a Muerte en Bangkok’ y lo máximo que se había exportado al mundo de las artes marciales había sido ‘El Avispón Verde’. Billy Jack no sólo fue un pionero de la distribución, sino que además inició a patadas la moda de este tipo de lucha en Hollywood. Que seguro que hay más ejemplos anteriores, pero repito: esta peli fue la quinta en taquilla de su año. No subestimemos su influencia en favor de cintas que conocemos más, pero que no hicieron tanta pasta ni de lejos.


Tras tan poca violencia, ¿cuál es la solución? Lo normal sería ir por ahí en plan chucknorris poniéndoles a los violentos las cosas en su sitio. Esto es, los cojones cortados alrededor del cuello y los intestinos fuera del cuerpo. Pero no en esta película. Es un flim pacifista y sólo se puede hacer una cosa realmente efectiva para parar el maltrato a los alumnos y proteger a la chica embarazada:

Montar asambleas para decidir cada acción tras estos ataques y os aseguro que esto no es un chiste de Podemos. No sólo debaten, sino que convencen a la gente del pueblo para hacer más performances informativas empáticas o qué demonios sé yo. Me da igual. Lo mismo funcionan en la vida real. Pero en las películas de HALSIÓN lo único que consiguen es que quiera correr a ponerme un DVD de Franco Nero repartiendo gusticia en los bajos fondos de Nápoles.
¡Trepidante!
Entra aquí el hijo de Malo 1 (AKA Malo 2), el niñato de la harina del vídeo de antes. El chaval es un poco capullete así que se dedica a… no mucho. Rondar por ahí. Hasta que tiene el feo detalle de acosar a una chica a lo Weinstein pero sin sacar la churrilla. Así que Billy se ofrece para que sienta lo que es que le arranquen el brazo y se lo meta por el orto. Pero Delores le convence que con tirar su coche al lago es suficiente.

Gran error. Porque el joven no conoce el concepto de “venganza proporcionada” y acaba violando a la novia del prota. ¡Cine edificante y hippy, señoras y señores!

Billy Jack acaba enterándose un ratejo después (porque la peli se coloca entre discurso, canción y performance en dos horas) y sale por fin a repartir justicia. Pero con mucho resquemor. Que él no quiere matar al chaval hundiéndole la tráquea, pero si hay que hacerlo, se hace. Luego se atrinchera a pegar tiros en un edificio un poco desértico porque, en el fondo, ésto es un western. No olvidemos que el cine de acción nace justo en 1971 con ‘Harry El Sucio’ y ‘The French Connection’. Antes, lo que teníamos eran las pelis del Oeste.

Jack elimina a Malo 1 de traumatismo de pintura roja arrojada en su frente y decide rendirse e ir a juicio. Mientras la policía se lo lleva, suena la canción esa de los ex satánicos y todos sus amigos se ponen en pié con el puño en alto en un momento que, digámoslo ya, demuestra que Laughlin comprende un poco el tema de la épica, si bien no tanto el del ritmo, los diálogos naturales o el montaje coherente.


Menudo cacao mental. Quizá lo que Tom Laughlin quería mostrar era lo difícil que es reconciliar el ser pacifista y defenderse de los que abusan de tus derechos. Sea como fuere, eso ayuda a una película de acción. En este tipo de cine se quiere ver al héroe reafirmándose en sus actos cuando le parte la cara a los malos. Queremos disfrutar de que Charles Bronson sonría por fin cuando mata a punks. Pero Billy Jack sigue el modelo interpretativo Brando y está torturado. Y fostia poco. Demasiado poco.

Sin embargo, el lío filosófico-político se acentúa en las secuelas. Porque la peli las tuvo. ¿Qué esperábais? Hollywood estaba cambiando y, por primera vez, de esas cinco películas más taquilleras del 71, cuatro disfrutaron de continuación (siendo una, ‘Diamantes para la Eternidad’, ya parte de una saga). Pero no temáis, porque no quedan séis páginas más de artículo. Sobre todo por un motivo: las dos secuelas, ‘The Trial of Billy Jack’ y ‘Billy Jack Goes To Washington’ duran tres horitas cada una. Yo os aprecio mucho, pero viendo el ritmazo de la primera (o, según el punto de vista, segunda) película del héroe de sombrero raro y sabiendo que el contenido de rajar sobre temas políticos no muy bien pensados y adornarlo con canciones protesta aumenta exponencialmente, he preferido ponerme a escribir y no tener que verlas.

‘The Trial’ se basa en represiones estudiantiles. Por lo que he leído, los momentos místicos pseudo nativos se multiplican hasta el punto de poner a Billy peleándose con su otro yo a lo Luke Skywalker, sólo que en vez de ser su cara dentro de Darth Vader, es él pintado de pitufo.
Ahora, presentadme a la Pitufina, que va a saber lo que pasa cuando no se tiene el rabo en el culo como el resto del pueblo
Todo esto con un montaje rarete que intercala flashbacks a Vietnam, muchas discusiones sociales y muy poco hapkido. Si queréis verla, anda por Youtube. Dios se apiade de vuestras almas. Para los menos locos, aquí alguien ha dejado un montaje de las pocas hescenas de halsión de la peli. Tres horas para ESTO:


El caso es que la cosa empieza ya a apestar a un nivel político. La escuela, llamada ‘Freedom School’ (y cuánto daño han hecho los gobiernos republicanos a la primera palabra, cuya simple mención ya me pone en guardia esperando precisamente falta de libertades) está siendo acosada por hacer cosas malas como montar una tele propia y organizar talleres de danza del vientre o bandas de marchas. Efectivamente: su crueldad no conoce límites. Billy Jack sale de prisión sorprendentemente pronto para haber matado a dos personas y comprueba que el FBI está acosando a sus amigos. Todo culmina en un tiroteo en las instalaciones, resistiendo como El Álamo.

Porque en esta secuela queda claro que de lo que se trata la obra de Laughlin y Taylor no es de socialismo. Tú les dices ‘plusvalía’ y ellos dicen ‘alcachofa con torreznos’. Tú les dices ‘conciencia de clase’ y ellos contestan ‘yo nunca faltaba al colegio’. Eso se la sopla totalmente. De lo que se trata es de la eterna desconfianza hacia el estado, tradición que tiene más raíz en los EEUU que disparar a negros cuando entran en tu porche. El movimiento hippy iba de eso adornado con derechos sociales. Pero capitalista en el fondo. De hecho, su búsqueda de la utopía acaba siendo anarcocapitalista, inspirada, y eso explica la obsesión de Laughlin por el western, en la conquista del Oeste. Como dice El Ciudadano Soberano, “(El movimiento hippy) está hoy relacionado con la autoayuda y con iniciativas que o bien son socialmente ineficaces para combatir el capitalismo, o bien se han convertido en formas de capitalismo "cool". La cuestión del guru y la introspección personal (edito: bien presentes sobre todo en ‘The Trial of Billy Jack’) son perfectas para mantener el status quo del sistema. Si a ello añadimos el uso de drogas, como LSD, la combinación es coherente. Las estructura de la organización social que decían criticar las dejaron tal cual o incluso peor, porque muchos de ellos terminaron en Wall Street y alrededores”.

Vamos, que no sólo era izquierdismo que no favorece la acción. Es que era izquierdismo sólo de ese que llenó el 15 M de puestos sobre alimentos orgánicos, homeopatía y talleres de rastas, dejando la tontada esa de la lucha de clases en segundo término. Porque lo importante es la introspección, el yo. Como demostró ‘Ciudadano Bob Roberts’, se puede hacer canción protesta y ser conservador. Pero de los que desafían al estado. De ahí que la siguiente parte de la saga vaya precisamente de eso.

‘Billy Jack goes to Washington’ ya dejó directamente de fingir ser una peli de acción. En ella, el prota es elegido directamente para el Senado estadounidense, en el que aterriza para darse cuenta de que todo (TODO) es corrupto. Efectivamente: es un remake de ‘Caballero sin Espada’ de Capra o, en la versión verdaderamente superior de la misma idea, ‘Su distinguida señoría’.


Lamentablemente, Laughlin no contó como asesor para este remake con Homer Simpson y no convirtió la alta cámara en un baño de sangre. Se dedicó a su verdadera pasión: echar más discursos que ‘Aló presidente’. El resultado: la peli apenas se pudo ver en cines. Tuvo algunos preestrenos en ciertas ciudades y luego se enterró. Tom dijo que, mientras él denunciaba a EL PODER, el Estado quedó libre, en compló, pa revolver y hacer que Warner (ya distribuidora desde la anterior secuela) se desentendiera de la peli.
Me echaron droja y me quitaron mi pinícula

El desastre significó el fin de la carrera de Laughlin y Delores, que intentaron resucitar el personaje en los 80 con una nueva entrega, pero se quedaron sin fondos con media película rodada. Eso sí: siguieron escribiendo tratamientos según había que adaptarse a las nuevas amenazas políticas con títulos tan hilarantes como “Billy Jack's Crusade to End the War in Iraq and Restore America to Its Moral Purpose”. Ambos eran seres inocentes a lo Rousseau que lucharon contra el sistema y la corrupción de los jóvenes como sólo ellos sabían: fundado escuelas y haciendo películas de izquierdismo mal entendido que no favorece la acción y que han envejecido peor que Macaulay Culkin. Pero que dejaron una gran marca en la historia del cine y por eso se merecían este absurdamente largo artículo.

Ahora, si me disculpáis, voy a meditar en mi caverna india pintado de pitufo antes de salir a la calle a darle patadas en los cojones a unos cuantos nazis. Fue un placer conoceros.
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"La Guerra de las Galaxias" ¿Podría haber salido aún peor? (Spoiler warning: ¡Que sí!)

Jrandes fallos y oportunidades perdidas de la saga de "Star Wars" - A veces incluso inferiores a los elegidos ("Bullets Dodged"), a veces ligeramente menos malos ("Sitting Ducks Missed")



Ya lo sé: normalmente mis artículos sobre los castings alternativos tratan de pelis buenas y famosas, como las de James Bond o “El Señor de los Anillos,” y sin duda os preguntaréis por qué escribo sobre un flim infantil malo y hoy en día olvidado. Pues, es porque la influencia de “Star Wars” ha sido nefasta y es la causa principal de la plaga de películas vacías y aburridas de superhéroes y “space operas” que llevamos décadas padeciendo, como las de Mar-vil o D.C. (Defective Comics).

Los pocos que habéis visto “La Garbage de las Galaxias” ya sabéis que es malísima, pero - ¡de verdad! - podría haber sido aún peor, incluso mucho peor - ¡de verdad! Ya lo sé, es difícil imaginar una hipotética versión aún más vergonzosa, pero el anti-talento de su creador (AKA, plagiador de Jack Kirby), George Lucas, no conoce límites, cómo vamos a ver.


Luke Skywalker

Como el nombre del personaje ya indica, el prota de “Star Wars” es una especie de avatar de Luc-ass: siendo la figura más aburrida, sosa y asexual de la primera peli de la serie, saga, franquicia (palabra vomitiva pero acertada). Está interpretado por el pobre Mark Hamill, quizás un poco más conocido por otros bodrios de science-fantasy, como “Magos” del demente Ralph Hashish, o “Shitstream” de Steven Lisberger.

Mark Jamónenfermo da la talla, hay que reconocerlo, como el héroe totalmente olvidable.

Sin embargo, había dos otras posibilidades serias. Uno era el guaperas rubio, William Katt:

I'm too sexy for my shirt, too sexy for my shirt...

Katt era peor actor que Hamill y nada que ver físicamente con George Lucash. El otro rival de Hammill era Charles Martin Smith, mejor actor que los otros candidatos, pero quizás DEMASIADO convincente como doppelganger de George Lickass:

Luke Skywanker

¿Veredicto? Bullets Dodged.

Princesa Leia

Muy querida por casí todo el mundo por su inteligencia, humor y valentía, la añorada Carrie Fisher fue escogida por el inutil George Lucas (AKA, Lucas Shywanker), sin embargo, porque el cineplasta NO quería contar con una munhé de belleza imponente en el papel ¿WTF? Tal perversión justificó, también, el ridículo peinado y vestuario horrendo que le impuso y la rareza bondage-casta de esconder sus pechos con cinta aislante. ¿WTF?

Entre MUCHAS otras candidatas, Lucas rechazó a la actriz más bella de Inglaterra, Jane Seymour:

"Battlestar Galactica" > "Star Wars"

La belleza extraordinaria de Jane explicó por qué un joven servidor sí fue a ver "Simbad y el Ojete del Tigre" en el cine el el 77, pero no vio "Star Worse" hasta su reposición en cines en los 90.

El Complejo de Licea de Lucarse también nos denegó la oportunidad de ver a la guapisima Kim Basinger como Leia Orgasma:

¡Y le gustaban los Escoceses de cierta edad!

¿Veredicto? Sitting Ducks Missed.


Han Solo

Parece mentira, pero todos los posibles Han Solos fueron peores opciones que Harrison Ford, uno de los actores más aburridos del cine de los últimos 40 años. Al menos, Harrison Bored es un ser humano bastante aceptable, porque sus rivales, en mucho casos, eran seres poco admirables:

1) Un lunático - Christopher Wanken

2) Un facha - Kunt Russell - tan aburrido como actor que Ford, pero con una forma de andar mucho más rara por su paso cortito, y necesitaba mucho más rímel:

Wank like an Egyptian

2) Un gángster peludo - James Caan:

Miento: era candidato para interpretar a Chewbacca

3) Un facha acosador misogino homofobo - James Woods (Harassin' Ford)

4) Un facha acosador racista - Sylvester Stallone.

(Como no había negros en el reparto, Stallone se dedicó a hacer su serie "Rocky" - como un bajito cretino blanco dando palizas a un stand-in obvio del muy jrande Muhammad Ali.)

Le ofrecieron el papel de Han Solo a Al Pacino, pero el enano antaño genial ya habia entrado en la (muy larga) fase terminal de su carrera y lo rechazó para sobreactuar en engendros homófobos y misóginos, como "A La Caza" y "Melodía de Seducción". A día de hoy, nadie con dos dedos de frente le quiere en sus pelis y sobrevive dando clases a aspirantes de actor:


¿Veredicto? Muchas Bullets Dodged.

Darth Vader


Darth Vader

James Earl Jones ofreció una de la dos únicas buenas actuaciones del filme como la voz de Darth Váter.


En un principio, George Look-ass pensaba en reclutar al jran (AKA, "obeso") Orson Welles para el trabajo, pero menos mal que no lo hizo, porque el muy sordido Orcson podia haber sufragado los gastos de unas cuantas tomaduras de pelo intelectualoides y aburridas, tipo "F for Fuck's Sake," que el mundo no necesitaba en absoluto, gracias a la pasta (quizás literal) que habría cobrado.

Darth Fatter


¿Veredicto? Bullet Dodged.

¡Continuará!

(Aquí va la firma con el "Siga a Charlie Marlow en Twat-ter", pero Marlow está por encima de una red tan degradada que hasta la usa Donald Trump)

Creo que todos sabréis de lo que va ente bloj: de escribir introducciones que aparentemente no tienen nada que ver con el cuerpo del artículo pero que, bien analizadas, revelan una gran verdad profunda: que no tienen nada que ver con el resto del artículo y que lo que le pasa a los autores es que nunca saben cómo rellenar el primer párrafo de la temida página en blanco.

Alternativamente, ente bloj va de amor hacia lo que llevamos años definiendo como "Los Valors". Esto es, el maravillarse por la sordidez alegre que nos rodea. Celebrar el amor a lo que da vicisitud a algunos, pero maravilla a otras mejores personas. Esto es, al chándal de táctel.
Chaval, que acabo de salir del trullo y a ver si te sobran 100 pesetas para el autobús a Jimena de la Frontera.
Sin embargo, a veces hacemos cosas que no tienen que ver necesariamente con el amor a la sordidez. Labores realacionadas con nuestros trabajos (si supiérais la respetable profesión de Marlow o leyérais el libro de poemas de Cava Baja...), conferencias, declaraciones de la renta, listas de la compra... Cierto es que nuestra verdadera personalidad chunga se asoma en muchas de esas empresas (sobre todo en la última). Pero el caso es que, por mucho que anteayer le regalara a una jrandérrima sórdida persona esta cosa encontrada en La Metralleta por 3 euritos...
Merece un post. Lo juro.
... a veces nos embarcamos en proyectos más... diríase normales. Lo cual no quita para que en uno de los dos vídeos que comparto a continuación me ponga a cantar 'Once Upon a December' porque lo mío de que mis compañeros de trabajo piensen que soy gay ya me divierte tanto que quiero alimentarlo desatadamente.

Por lo tanto, me he embarcado con Ángel Codón en un proyecto para YouTube. He esperado a ser lo suficientemente viejo para hacer vídeos serios en esa plataforma porque que le den por culo a los convencionalismos. Tras el éxito del podcast Tiempo de Culto, muchos oyentes nos pidieron que hiciéramos un Red Letter Media de saldo comentando cine con vídeo. Así que nos plantamos en mi casa, pillamos el único rincón del salón vacío, encuadramos MAL el plano y grabamos sin micro de corbata (era fiesta y las tiendas de barquillo estaban cerradas) cuatro secciones piloto con diversas temáticas sobre... bueno: Cine. O eso dice la promo:


Como es normal, empezamos con una reseña de una película. Pero como Codón no había visto 'Thor Reguetón', nos lanzamos a una película que probablemente esté presente en las listas de preferidas de fin de año del bloj: 'Fe de Etarras'



Luego grabamos una sección sobre conceptos cinematográficos, pero el segundo vídeo en salir ha sido el tercero de esa mañana. Un concepto que no sé de dónde sacamos, pero que hace gracia por lo suicida: defender películas que generen controversia o que haya gente que odie. Siempre me ha gustado ejercitar el sofismo. CANTANDO.


Para dentro de poco, a discreción de Codón, tendremos los otros dos segmentos perrito piloto: uno sobre la peli favorita de cierto tema o director y el ya mentado sobre técnica cinematográfica. Espero que os guste, propongáis nuevos temas para esas secciones o nuevos formatos y os subscribáis al canal de TdC que lleva desde hace un tiempo Ángel, un tipo que, no lo olvidemos, creó la secuencia de animación de 'CineBasura'. Eso dice mucho de él y TODO BUENO.
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Chiquito, además de un DIOS, también fue un civil.
Hace unas semanas, un onvre chileno me acercó su móvil para que, en un documento, le escribiese las películas esPPPPPañolas que no debía perderse bajo ningún concepto. Cuando ya llevaba escritas una cantidad bien respetable, me detuve, hice scroll hasta el principio de la lista y escribí “Vete a youtube y escribe ‘Chiquito de la Calzada’, todo lo que necesitas para entender EsPPPPPaña y celebrar todo lo bueno que hayamos podido crear está ahí”.

Hoy toca, como ya hizo Cava Baja con el “jánder”, recordar ese momento de Chiquito que te marcó indeleblemente. Luego ya habrá tiempo de firmar peticiones para que la RAE, ya que ha incluido tontadas como “follamigo” en el diccionario, se anime de una puta vez con “Fistro/Finstro”. O que la ciudad de Málaga arrase su callejero – empezando por gilipolleces como Molina Lario – y renombre todas sus vías para que la gente pueda decir “Vivo en la avenida del Fistro Diodenarl esquina con Pecador de la Pradera”.

En mi caso, como trabajador del audiovisual, mi momento Chiquitístico llegó el día que monté un anuncio para los dos mejores creativos publicitarios argentinos que hayan pisado jamás nuestro país – los Jrandérrimos Fabio y Marcelo en su estancia en Publicis – famosos por obras como ‘Neverending’ para Renault (sí, la de “Richard Clayderman en su piano sin control”) o por haber sido capaces de ponerme ¡a mí! De locutor en un anuncio del Renault Eco2 haciendo una emocionada oda al bigotón de Freddie Mercury.

En esta ocasión, el anuncio era para Movistar y contaba la historia de una muchacha con el don sobrenatural de encontrarle parecido a todo el mundo. Para rodarlo llamaron a dos geniales finstros argentinos como Nicolas Kasakof y Sebastian Schor. Tanto argentinismo implicaba una cosa: ¿Cómo dar con personajes que tocasen la fibra del target esPPPPañol? Muy sencillo: preguntando. Fabio y Marcelo nos llamaron a mi bienamado Nacholo (hoy en día es un realizador que firma como "Günther": valors) y a un servidor de usarcedes. Sin vacilar, respondimos: “Podéis poner lo que os salga de los santos huevos, con una sola condición: pase lo que pase, por el amor de Peich, DEBÉIS cerrar el anuncio con Chiquito de la Calzada”.

Y aceptaron.

Y allí que nos fuimos a Barcelona, a trabajar con la productora que se hacía cargo del rodaje. Nacholo como coordinador de pospo y un servidor como montador. En el rodaje no participaba Chiquito – ya nos hubiese gustado – dado que todos los parecidos se hacían con fotos. Pero había que gestionar los derechos de imagen de cada uno de los presentes. Y entonces llegó el momento místico.

Mientras estaba en el edificio de la productora, veo un remolino de gente abalanzándose sobre el fax. Los gritos se oían por doquier: “¡Acaba de llegar el DNI de Chiquito! ¡ACABA DE LLEGAR EL DNI DE CHIQUITOOOOOOORRRRRRRLLLLLL!”. Aquello podía ser el mar de modernos con el que todos asociáis a la publicidad (en aquella época todavía no existía la etiqueta “hípster”) pero os juro que, entre todos los que se arremolinaban en torno al fax no había el menor asomo de ironía. Solo humildad y maravilla ante aquel papel con el nombre y la foto de Don Gregorio.
Gregoriorl, el onve antes del mito

Y entonces entendí ese sentimiento que se ve en las películas yanquis cuando los protagonistas se extasían ante el documento original de la Declaración de Independencia. La fecha de nacimiento que salía en el DNI de Chiquito tendría que ser la fiesta nacional que reemplazase al 12 de octubre: porque, como la Declaración de Independencia, el DNI de Don Gregorio es EL hecho fundacional de todo lo mejor que podamos tener en EsPPPPPPaña, ¡Por mis muelas!. El modelo de país ideal que nos debería unir a todos para su consecución, por la gloria de mi madrerl. Y qué cojones de unir solo EsPPPPPaña: debería ser la utopía que nos guiase a toda la humanidad en ese viaje a Alfa Centauri que acaba de predecir Hawking ¿Te das cuen?.

Solo dos voces discordantes desentonaron en aquel momento: dos señoras de producción mostraron desdén hacia el DNI en medio del éxtasis general. Y entonces recuerdo que pensé “Puedo tolerar a los asesinos en serie, a los pederastas, a los terroristas islámicos… ¡Pero esa actitud SÍ que es verdaderamente reprobable! ¡Cobardes!”.

El proceso del anuncio siguió su curso, con el bello colofón de que, en una producción para Movistar (uséase, que había un buen presupuesto) la última frase que se escuchó durante la postpo fue de Nacholo, por teléfono “Juanito, vete a la repisa de la oficina: entre el botijo y las fotos firmadas de Raphael y el Fary, hay un CD de Chiquito: mételo en el MPEG Streamclip, extraes un .aiff con un ‘¿cómorl?’ y me lo mandas por mail”. Sublime.

La vida siguió después de aquello. Como comentó Paco, bauticé como “Jánder” un efectismo de montaje y extendí el término por cine, televisión y publicidad (Aún recuerdo el “Este anuncio de Toyota quieren montarlo muy masculino, así que métele unos cuantos Jánder” por parte de la agencia). También, hablando con ese insigne finstro que es Don José Luis García Sánchez, cuando nos relató la peli que rodó con Chiquito. Y el cariño que le cogió al ver su dura vida como palmero. Porque es todo menos divertido pasarse una noche en vela sentado en la puerta de la habitación principal del cortijo de un señorito. Esperando a que dicho cretino, completamente enfarlopado y rodeado de un número indeterminado de putas, salga con la chorra fuera a pedirle a los palmeros que se pongan a cantar para animarle el fiestón. Y, con esa vida, Chiquito nunca perdió el humor y nos regaló unas décadas jloriosas que NINGUNO de nosotros nos merecíamos.

Como tampoco merecíamos contemplar siquiera la luz de su rostro en un DNI impreso por un cutre fax en blanco y negro. Pero lo hicimos, y no queda otra que un eterno agradecimiento, y hacer todo lo posible para que ese DNI sea el auténtico documento fundacional de EsPPPPPPPaña.


Qué cojones de EsPPPPPPaña: de la Federación de Planetas. Gracias por tantísimo, maestro.

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Sé que ahora mismo no parece el momento de reír. Pero a veces las lágrimas arden. Arden como el fuego que ha consumido buena parte de Galicia y Asturias, aunque parezca que ya esté olvidado para muchos medios; como la rabia interior y la pena que genera todo este agónico y extraño proceso de la independencia catalana, como las protestas de las trabajadoras de Inditex (Que, finalmente, lograron lo que querían ¡Enhorabuena!). 

Parece que la risa no mitiga el fuego de las lágrimas y, a pesar de todo, los recuerdos nos asaltan convirtiendo su ataque en el mejor mecanismo de defensa. Caigamos, pues, presas del asedio, y centrémonos en otra cosita que, visto lo anterior, parece doler mucho menos, pero que es importante para los que conformamos el entramado de ente vlog de perdición.

Ya sabéis que hace unos días ingresaron a Chiquito de la Calzada y que, en el momento de escribir estas líneas, está ingresado en la UCI. Como todos sabemos que Chiquito es un icono no solo de este sórdido y particular universo, sino del Universo con mayúsculas, yo no dejo de pensar en esos ínclitos versos de Vainica Doble que dicen: “Un día vas a pegarte un susto/ Vas a darnos un disgusto”. 

No nos engañemos, Chiquito está mayor y, por desgracia, no es invulnerable. Por ese motivo, quiero escribir una breve anécdota, a modo de homenaje, para que veáis que, a pesar de ser un pequeñarra, la sombra de Chiquito es alargada y alcanza a todos los estratos de la sociedad.

Una de las mejores cosas que ha hecho Chiquito y que llega a nuestra era de la posverdad y demás mierdas, es el hecho de inventarse un lenguaje propio. No en vano, Chiquito es uno de los referentes del idioma mundial (cada vez más lejos, ay…). Mi padre, otro gran ejemplo de cualquier sórdido de bien, decidió hace tiempo poner su granito de arena en eso del idioma mundial, y lleva ya unos cuantos palabros creados que se han insertado a la perfección en su día a día. 

En pleno afán por llamar a la gente cosas como “satélite”, “herbolaria” (por “vegetariana”) o, el más celebrado, “calamar”;  mi padre, llevado por una sórdida fuerza invisible, creó un concepto maravilloso que la familia sigue utilizando en plena segunda década del siglo XXI: “jánder”. Y sí, lejos de que alguien le increpe o cualquier cosa peor, los palabros paternos basados en la experiencia chiquitil se expanden como un río invisible que convierte nuestro mundo cotidiano en una vicisitud constante.


Y bien, amigos, ¿qué es un jánder? Lo cierto es que mi padre utiliza el vocablo con cierta liberalidad, pero creo que he podido descifrar algunos de sus usos más comunes.

Para empezar, “jánder” es una palabra que puede utilizar cualquier persona que sepa vivir en democracia: no tiene flexión femenina, aunque sí plural. En contra de lo que diría la RAE, el plural de “jánder” no necesita “–es”, para mantener lo  más posible la pureza del concepto. De esta forma, cualquiera puede ser un o una jánder, y existen muchos jánders en el mundo.

Ya en el terreno semántico, ser un jánder es un concepto totalmente sórdido. Un/a jánder es un persono humano (aunque no descarto que se pueda aplicar a animales, vegetales o, incluso, a Mariano Rajoy) que resulta ridículo, estúpido, fuera de lugar… pero justo eso es lo que hace gracia. Resumiendo, un jánder es ese cuñao que te dice que Queen es la mejor banda de la historia, pero se escandaliza y tapa los oídos negando la existencia del disco Jazz o la banda sonora de Flash, como si fueran una ofensa (TRUE FACT). Una jánder es esa señora peripuesta que se te cuela en la cola del supermercado, pero se saca un cepillo y laca en mitad de la calle una tarde de viento (100% TRUE FACT). En resumen, un jánder es una persona de comportamiento deplorable que, justo por eso, resulta sorprendente y hasta graciosa. En cierto modo, el jánder resulta un tanto esperpéntico.

Una segunda acepción de “jánder” (ya que nos la inventamos, podemos hacerla polisémica), se refiere a una persona timorata, de poco fuste, atribulada y que parece vivir en su mundo particular…

Algo como esto.

La tercera acepción nos resultará mucho más familiar, pues “jánder” se parece bastante a lo que nosotros conocemos como “sórdido”. Quicir, ¿Sería Wing una de las mayores jánder del mundo mundial? ¡Claro que sí! ¿Sería Manolo de Xaniño un jánder cósmico? ¡Por supuesto! Este tercer significado sería el más amable. Cuando nos encontramos con un personaje que da la vuelta al primer concepto y consigue captar nuestro hamor de forma incondicional.

Centrándonos en la pragmática pura, queda claro que la palabra “jánder” utilizada  en solitario posee cierta connotación de cachondeo. Sin embargo, podemos usarla en un sentido absolutamente peyorativo cuando le ponemos delante el vocablo “tío” o “tía”. Así, un “tío jánder” es Inda soltando barbaridades en la Sexta justo antes de comer para que no se te corte la digestión. Una “tía jánder” sería María Dolores de Cospedal explicando la diferencia entre directo y diferido como si estuviéramos en un Barrio Sésamo del Mundo del Revés. 

Algo como esto.

Si, además, acompañamos la expresión con otras palabras del tipo: “¡Vaya un tío jánder!” o “¡La tía jánder esta!”, habremos obtenido el efecto despectivo deseado, pasando del esperpento al cabreo y la mala leche súbita.

Por último, y como todo esto debe tratar de hamor, ¿podemos llamar jánder a nuestro mejor amigo? ¡Claro que sí! Solo tenemos que decir, a modo de saludo: “¡Ey, jánder!” o “¿Qué pasa, jánder!” y tendremos una de las expresiones de cariño más sinceras de la historia.

Gracias por leer este pequeño post. Quién sabe, quizá, justo por ser pequeño, la sombra del “jánder” sea casi tan alargada como la de su creador. 


¡Gracias por todo, Chiquito!

Y gracias, padre.

¡Hasta la próxima!

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Nota de Paco Fox: Por primera vez en la historia de ente bloj, añado una nota de editor a un post de uno de los miembros fijos del grupo. Sólo para decir ésto: Vicisitud lleva años usando la palabra 'jander' para definir un tipo de recurso audiovisual. Tal decisión de montaje consiste en tratar la para otros sacrosanta imagen como Nacho Vidal le hace a un ojete. Duplicarla o triplicarla como si fuera una foto de más de una exposición, hacer un barrido, meter un subidón de luminancia acompañado de un sonido potente... Esto es, hacerla más sórdida y jovial. 

Un buen ejemplo de festival de jánders fue sobre todo el principio del genial trabajo de Vicisitud en su mítico 'Carlosaurio'. 

Tanto ha calado el jánder audiovisual en nuestras vidas que se usaba constantemente para animarme cuando más deprimido estaba durante los primeros montajes de "CineBasura" (dios... creí que iba a morir de vicisitud... faltaban planos por todas partes y nada tenía gracia; al contrario que en producto definitivo, en el que CASI nada tiene gracia). Tras ver secuencias enteras y, ante mi desesperado silencio, Snowymary me miraba y decía: No te preocupes. No hay NADA que no pueda solucionar un buen jánder.

Hasta en esos momentos de vacíos creativos, un chiquitismo tenía la solución. Chiquito, así en general como concepto cósmico, siempre es la solución. Para todos los males del mundo. Todos.

Aquí Paco Fox: Sí. Es cierto: un nuevo artículo de Vicisitud. Porque sólo él podía tocar inapropiadamente un tema tan polémico. Ahí va:

Que el procés ha tenido momentos de comedia maravillosa es algo que, a estas alturas, no debería tener discusión. Y dentro de esa parte “maravillosa” hay que contar el hecho de que la independencia catalana es algo que, desde ya,  puede y debe dar placer a todos los campos de la experiencia humana. Los musicólogos pasarán décadas estudiando como ‘L’estaca’ se convirtió en la banda sonora de la represión y cómo Manolo Escobar pasó a ser canción protesta. Los expertos en derecho – a día de hoy, la mitad de la población esppppañola que no es crítica de cine o seleccionadora nacional, cuando no es las tres cosas a la vez – podrán estudiar la papiroflexia verbal de las sentencias de la Audiencia Nacional hasta el fin de los días. Los técnicos de IT tendrán algo que decir sobre la impresora Samsung de Rufián. Iker Jiménez – que ya ha salido en tertulias sobre el tema – podrá analizar todos los demás aspectos de Rufián que no incluyan su impresora, porque el “Error preparar nueva unidad de imagen Samsung” es un misterio que, a diferencia de las caras de Bélmez, no podrá desvelarse jamás.
Aquí tenemos a un señor que piensa que la gente aún usa impresoras.

En este contexto, nos apetece participar en el tema sin caer en el cuñadismo de sentirnos expertos politólogos o juristas. O, prácticamente, de creernos cualquier cosa. Así que, siguiendo el consejo de Paco, me he aplicado un “Si he sido montador de series y votante de Unidos Pokémons ¿Podría hablar de eso?”. Después de reflexionar unas cuantas horas, Barbijaputa me ha negado el derecho a la palabra, porque solo opresión heteropatriarcal puede salir por mi boca. Pero he pasado de ella.

Y, después de los habituales dos párrafos de ente su vlog para introducir cualquier chorrada, vamos al tema del título (que vuelvo a leer porque ya no recuerdo cuál era).

Desde que Pokémons arrancó su andadura, Pablo Iglesias decidió que hacer símiles de series de televisión era una buena forma de hacer llegar su mensaje a la gente. Y es algo que, oye, me parece bien: quien no sepa explicar las cosas con claridad y de forma amena es que bien no sabe lo que tiene que explicar, bien tiene un carencias léxico-ortográficas del quince, o las dos cosas (caso este último en el que se obtiene de forma inmediata el carnet de Ciudadanos; o peor aún, se le hace miembro permanente del staff de Vicisitud y Sordidez).

El problema es que Pablo Iglesias eligió como que con el culo sus dos series de bandera: ‘The Wire’ y ‘Juego de tronos’.
CineBasura: La peli hizo mejor lo del sofá
Si ‘The Wire’ nos presentaba una sociedad ficticia en la que los trapicheros reflexionaban alambicadamente sobre la vida con una profundidad que solo te dan tres carreras universitarias y el haberte memorizado todos los premios Booker con una pastillita de ‘The Matrix’, la cosa tampoco mejoraba con ‘Juego de trónidos’. Bueno, sí mejoraba porque había dragones y tetas (el plano corto de una minga y su escroto tardó varias temporadas en aparecer, pero fue bienvenido). Sin olvidar tampoco al chaval que descubrió el sujetapuertas de Ikea marca Hödør. Pero, en todo lo demás, había que tolerar una serie que pretendía ser la Biblia de los entresijos del poder pero que, sin embargo, no se molestaba en explicar cómo cojones hace una sociedad agraria para comer en un sitio con inviernos del recopón de más de 20 años. Por mucho menos se ha despoblado la provincia de Soria (recordad: si alguien os dice que es de allí, es que es un agente del CESID, Soria – y también Teruel – son solo una tapadera).

Al final, el haber apostado por estas dos series no dejaba de suponer uno de los peores vicios de la izquierda de siempre: el postureo. Porque dejadme que os explique los simplicísimos mecanismos narrativos de esas dos series. En el caso de ‘The Wire’ tenemos un argumentario que David Simon escribió a la prensa – y que repitieron como papagayos – sobre cuántos capítulos había que esperar para no abrirse las venas porque aquello era “La versión televisiva moderna de ‘Moby Dick’”. ¿Y por qué lo repitieron? Porque la incapacidad expositiva de la serie – salvo cuando quiere darte los mensajes IMPORTANTES, que ahí sí que se pone solemne y tosca como ella sola – es la forma en la que te venden el “enhorabuena chaval, ahora que has logrado entrar en este club exclusivo ya conoces LA VERDAD”. No sé a usarcedes, pero esa estrategia narrativa… ¿Podría ser definida como “la casta”? No la veo tan lejos de la explicación de Letizia Ortiz sobre por qué había dejado de ser republicana “Si te lo explicase Felipe, lo entenderías”. Pues eso, la verdad revelada de David Simon, a quien debes apreciar si quieres ser apreciado.

Y con ‘Juego de trónidos’, lo mismo: estamos ante “la fantasía realista y de gran complejidad política”. Y a olvidarnos que si toleramos el sopor es para ver cómo escupen y llenan de mierda a Lena Headey mientras experimentamos una culpable excitación.
"Pues podría ser peor: podría llover"
Pues no, Pablo: has errado el tiro big time. Las series de televisión son maravillosas para comunicarse con la gente, pero deberías ver otras – sí, las que ve ese vulgo con una sanidad pública de mierda y con derechos recortados -  y aprender de sus sabidurías. Y por ese motivo, y porque no me hace feliz la lamentable deriva actual de Unidos Pokémons, me gustaría compartir mi experiencia de montador de series contigo. Si te parece, camarada.

Decía nuestro querido lector Carlos Hidalgo que la política no se parece a ‘The West Wing’ sino a Mortadelo y Filemón. Le doy la razón y lo llevo al campo de las series al decir que LA VERDAD™ no está en ‘The Wire’ sino en ‘UPA Dance’ (o, en su defecto, en ‘Física o química’). El ser humano está únicamente compuesto por culebrón. Y en culebrón vivimos y nos comunicamos: nadie quiere que un periolisto como David Simon te explique LA VERDAD™ (más que nada, porque es mentira y otro periolisto igual de chachi dirá otra cosa). Lo que la gente quiere es saber quién folla con quién (no lo duden, un polvazo entre Trapero y Arrimadas excitaría de tal manera la iconografía erótica de la ciudadanía que ya no quedarían neuronas que dedicar a la chorrada del procés).

Así, Pablo, en culebrón has de hablar y comunicarte. Pero, ojo, culebrón BUENO. Sí, olvídate de elitismos gilipolléticos y sin cuento: el culebrón puede ser – y suele ser – LA HOSTIA (categoría infinitamente superior a LA VERDAD ™) si se hace bien. Que se lo pregunten a nuestro bienamado Russell T. Davies. Y, lamentablemente, Pablo, en la opción que has escogido, estás desterrando lo esencial del culebrón, o de cualquier serie que se precie de serlo:

El conflicto.

Y no, “conflicto” no es montar caceroladas, o llamar corrupto a Rajoy. Ni aunque lo hagas copiando coreografías a las Femen. El conflicto nunca ha sido montar un pollo posturero que sea totalmente coherente con tus ideas. El conflicto es una decisión nada fácil que tiene que tomar un personaje y que lo define de una forma apoteósica a los ojos del espectador. En el caso de los culebrones, hay un conflicto típico que es el de la protagonista femenina que se queda inconvenientemente embarazada. Sí, uno de esos churumbeles que te joden viva la vida, marca “todos sabemos que mejor tirarlo al váter y solucionado, pero no se puede decir en alto”. ¿Cómo resuelve eso un culebrón de mierda (un porcentaje muy alto, no voy a negarlo)? Muy fácil: la chiquilla en cuestión cae un día por las escaleras y pierde al niño contra su voluntad. Desaparece el problema y el personaje no se hunde a los ojos del espectador. Las series buenas, sin embargo, tienen la decencia de sumergir a sus protagonistas en la mierda: ahí tienes a Carrie Mathison intentando ahogar en la bañera a su bebé en uno de los momentos más recordados de ‘Homeland’, o a Lynette en ‘Mujeres desesperadas’ mostrando con toda su crudeza su nivel de alienación cuando el mierda del marido la carga con un nuevo churumbel (terminan divorciándose, como tenía que ser). Y un caso todavía mejor, porque los tiempos avanzan: TRES comedias como ‘You’re the Worst’, ‘Crazy Exgirlfriend’ y ‘Brockmire’ decidieron ¡casi la misma semana! que varias de sus actrices iban a abortar sin mayor trauma para salir del tremendo embolado en el que les había sumergido.
Crazy Ex Girlfried: una cumbre la sordidez, exhibit A

Hoy en día, Pablo, tienes una preñez no deseada con el pifostio del procés. ¿Y cuál es tu salida? Muy sencillo: mantenerse en la comodidad del postureo sin definir en qué consiste “otro modelo de país” ¿Es desarrollar más la autonomía? (hay margen en la Constitución para ello) ¿Es una estructura federal del estado, una confederación o, directamente, Independencia?. Coñe, que no es tan complicado. Eso sí, es incómodo si quieres que, cual Carrie Mathieson, no te miren mal. ¿La apuesta de momento por parte de Unidos Pokémons? Muy sencillo: el “caer por la escalera y perder al niño”. Y esa escalera es caracterizar a Rajoy como el Anticristo: una forma cómoda de echar balones fuera sin entrar en temas más espinosos. Y con argumentos dignos de Barbijaputa como “Un corrupto no puede hablar de la legalidad” para, así, no entrar tampoco tú – aunque pudieras - a hablar de la legalidad del 6 de septiembre. Y no digo yo que Rajoy no pueda ser el mal supremo: eso significaría que Chtulu era gallego, y eso siempre es una idea que seduce. Más que nada porque es verdad.

El problema de esa solución cutroga es… que se nota su cutrez. Si todo el problema es la existencia de Rajoy, queda la abierta la temporada en la que todos los cuñados de Esppppaña dirán “¡Pues no pactaste con Pedro en su día!”. Y, claro, para salir de este embolado se comienza a tirar de falacias lógicas que podrían ilustrar todos y cada uno de los casos que Paco tan didácticamente expuso en sus posts ÉPICOS. Desde luego, me quedo con la falacia ‘Post hoc, ergo propter hoc’ en la que, ladinamente, se confunden las causas y efectos: en el caso de la DUI y el 155 es meridianamente claro que el 155 es el efecto y la DUI la causa, pero su juega a un embarramiento que los convierta en ¡conceptos circulares que se exigen el uno al otro! Y, así, se puede hacer esa oda a la falta de inteligencia que es el “ni 155 ni DUI” poniendo incluso el 155 en primer lugar para redondear la jugada. Y, así, volvemos a “perder el niño cayendo por la escalera” para condenar una burrada como la DUI (lo siento, pero lo del 6 y 7 de septiembre es indefendible por nadie con dos dedos de frente) sin condenarla. Vamos, sin quedar mal por ir a abortar.

Durante los tres años que monté ‘Sin tetas no hay paraíso’, aparte de pasármelo, obviamente, teta con los actores y actrices que se acercaban a la sala de montaje (Peich santo, qué época de agresión a los sentidos era aquella…) aprendí muchísimo de la tensión moral de contar historias con personajes tan deplorables. Cuando llevamos tanto tiempo escuchando “lo osado que es el cable americano” (no he visto nada moralmente rompedor en HBO en mucho tiempo), yo recuerdo el día que, en abierto y en la conservadora televisión española, se estrenó el primer capítulo de las tetas. En la primera secuencia, el Duque – llamado a ser el sex symbol esPPPPPPPPañol de la época – calza una hostia a su novia de ese momento y, acto seguido, sus esbirros la llevan a un descampado a pegarle un tiro. Menos mal que, entonces, Twitter no era lo que ahora. Desde ese momento, manejar al Duque como galán romántico y como narcotraficante chunguer fue una epopeya con mil cristos en foros que intranquilizaban sobremanera a Telecinco. Y, aún así, se consiguió llegar al final sin convertir al Duque en el amigo de los unicornios. No small feat.

¿Cómo se logró? Teniendo muy claro que estábamos contando un culebronazo de poner muy burra a la ciudadanía y cuyo “núcleo irradiador” (Errejón, tío, búscate otras palabras para comunicarte con el proletariado que no les den ganas de partirte la cara o colgar un póster de Rajoy en bolas en su garaje) era una historia de amor en la que el impedimento amoroso era que el Duque tenía una vida… complicada. Y, si eres fiel a eso, el éxito está garantizado. Incluso en los momentos más chunguer del Duque.

Ahora bien, si quieres traducir TODO lo que ocurre en la realidad en términos de, por ejemplo, Franquismo (¡qué entrañables y épicos tiempos de lucha, más sencillo que lo de ahora!), lo que va a ocurrir es que vas a hacer un ridículo clamoroso sin necesidad de impresora Samsung. Y las audiencias te van a abandonar porque verán que estás escurriendo el bulto. (Y, sí, medios como eldiario.es – soy socio – deberían preguntarse qué pasa cuando usan tantas veces la palabra “Franco” como La Razón utiliza “Venezuela”).

Así pues, Pablo, no tengas miedo a la impopularidad: sé algo más que un posturero y sigue aprendiendo de muchas más series. Como, por ejemplo, Los Simpson. ¿Sabes por qué esa serie pasó a convertirse en una puta mierda a partir de la temporada 11? Muy fácil: porque Homer pasó de ser un zoquete con buen fondo a – citando la peli ‘Tropic Thunder’ – ser “Full retarded”. “You don’t go full retarded!”. Y eso fue lo que hizo el procés cuando cambiaron a Artur Mas por Punchinbol. Si Artur era un corrupto hábil, follable y, sobre todo un mierda con una maldad que le redimía de ser un Hamilton para convertirse en el tío que hizo comulgar a los anormales “puros” de las CUP con las ruedas del neoliberalismo ultracatólico CiU (no small feat), Punchinbol apostó por ser la versión full retarded. Y, oye, Homer siguió teniendo chistes buenos puntuales a partir de la temporada 11, de la misma forma que Punchinbol ha protagonizado momentos para el recuerdo, como aquellos 8 segundos de República Catalana. Pero, de nuevo, “You don’t go full retarded”. Y esa es otra lección de las series que Pablo no termina de asimilar, preso como está de no parecer “franquista” o no darle la razón a Rajoy ni cuando dice que el agua es incolora, inodora e insípida, no sea que le vean como una “zorra abortista y una madre desnaturalizada”.

Ojalá este puñado de series – y muchas más que hay – puedan servirte. Porque incluso en otro tipo de series – léanse las franquicias de cine actuales – como la lamentable ‘Juegos del hambre’ podemos ver un rayo de esperanza. En la primera entrega Jennifer Lawrence tenía que matar a una chiquilla para salvar su culo y, claro está, la película jugó la carta cutronga de que otra persona se la cepillase para que la JenLaw no tuviese que mancharse las manos. Sin embargo, en la conclusión de la saga, más adulta y cínica (no era difícil), la Lawrence sí que tiene que revolcarse en el fango para un final no excesivamente épico.

Si una peli tan nefasta pudo enderezarse, cualquiera puede. Claro que también podría pasar lo contrario y que llegásemos a ’24: Legacy’. Dónde la serie original era el prodigio del conflicto, con Jack Bauer teniendo que elegir si hacerle una bajadita al pilón a Rajoy o a Junqueras, la actual ha renunciado al conflicto plenamente. ¡Hasta la serie te dice si alguien era malo o no antes de torturarle! Por eso decía yo que el problema de ’24: Legacy’ no era tanto la imposibilidad de que un ser humano pudiese conseguir tres cosas imposibles de hacer a la vez – ser heterosexual, tener las cejas depiladas y ser el sustituto de Jack Bauer – sino que faltaba algo más importante que Jack: el conflicto.

Pablo, hay quien dice que el procés es como ‘The Walking Dead’: un coñazo soberano sin personajes memorables, chicha o limoná que se comenzó a ver por la acción zombi y que ahora se soporta por inercia para ver cómo cojones termina. No seas tú uno de esos personajes deplorables: todavía estamos a tiempo de resucitar una serie que pierde su rumbo. ‘Doctor Who’ tuvo un glorioso reboot, ‘Parks and Recreation’ se creció en su segunda temporada, ‘Friends’ resucitó en la octava…

Tenemos algo de tiempo antes de la cancelación.

Nos despedimos con un afectuoso viaje a tu cachete izquierdo. Y déjate hacer un poco, que no nos pongamos como Frank Underwood.

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